Hoy amanecí con tus ojos verdes mirándome... fue una bruma de dulce, tan dulce recuerdo, esas sensaciones de diminuta felicidad que sólo se guardan en el cuerpo, que una vez q son atravesadas por la razón, se nublan, se oscurecen...
La conciencia llegó y ya no soy puro ello, puro inconsciente, pura sensación, recordé que estoy sola, que tus ojos ya no me miran, que tu cuerpo ya no me incomoda por las noches, que tu sonrisa no es lo primero que veo en las mañanas...
Recordé el por que ya no estas, recordé, recordé y pensé ese fue mi problema en esa mañana pensar.
No estas y es una realidad, realidad que mi consciencia decidió, por que de haber vivido cada instante de mi vida con la eterna sensación de esos ojos mirándome, jamás hubiera dejado que te vayas...
Salí de esa cueva física y mental en la que por aquellos días se había transformado mi habitación, y me dirigí a la cocina, ahí estaban ellos dos, los de siempre, amándose, amándome a su manera, sin hablarse, sin mirarse, cada cual en lo suyo. YO enroscada entre la realidad y el sueño, pensaba en mi que hacer de ese día y me enojaba por haber perdido ese momento intermedio entre sueño y vigilia que tanta satisfacción sensorial me había dado.
De tropiezos, golpes y enojos mi día fue tomando el tinte de reclamo, desaprobación y venganza... si venganza, esas venganzas cotidianas que hacemos silenciosamente cuando no tenemos el coraje de mandar a cagar a quien se lo merece.
Decidí no hablar mas, no decir nada mas e irme...
Lamentablemente esta cultura nos obliga a tener que vernos sin querer vernos, a vengarnos silenciosamente por no poder decirnos lo que realmente queremos, a dejar ir esos ojos por que son mas que una satisfacción sensorial porque detrás conllevan un espantoso ser humano.
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